La victoria del Tomba en el clásico cuyano, más allá del gustito especial por tratarse de un rivalidad con mucha historia, dejó en claro lo importante de mantener la base de un equipo que se conoce de memoria. Comparado con otros encuentros en pretemporadas anteriores el nivel exhibido generó una grata conformidad.
Y, justamente, para complacer al técnico en la conservación del plantel que terminó jugando el semestre pasado, los dirigentes debieron trabajar muchísimo. Esta es una historia que se repite a la finalización de cada campeonato. Empiezan las novelas de invierno y verano donde nuestras estrellas son las cenicientas pretendidas por otros clubes. Sus directores técnicos irrumpen como los galanes más taquilleros.
En el fondo de todo esto subyace el modelo de institución con el que Godoy Cruz sustenta su participación en la Primera División. La receta es simple: austeridad y orden. Cada vez que una incorporación estampa su firma sabe que el sueldo que percibirá no es de los más altos de la categoría pero lo recibirá en tiempo y forma. En oposición, otras gestiones prefieren ofrecer números más altos a costa de endeudarse y no poder cumplir con lo pactado.
Esta es la realidad conocida por jugadores y dirigentes. Cada vez que un player rinde de gran manera es tentado por otra institución que con seguridad le ofrece una paga considerablemente mayor a la que actualmente está recibiendo. Y allí empieza la hora pico para que las novelas tengan mayor rating. Ante esto, existe la posibilidad de mejorarle el contrato para que la tentación de emigrar no pese tanto. Sin embargo, comienza un círculo vicioso ya que ante esta situación los otros referentes del plantel desean que sus convenios sean revisados, y así también ellos obtengan algo más de rédito por su desempeño.
A lo largo de los últimos años nos hemos cansado de ver jugadores que se van a otros equipos con más urgencias o presiones futbolísticas mayores, siendo que si se quedaban disputarían torneos internacionales o no sufrirían grandes cambios culturales. Tal es el caso de Carranza (se fue a Lanús), Higuaín (Colón), Donda (Emiratos Árabes Unidos) y otros tantos. El caso de Donda es particular ya que probablemente un equipo con mayor presupuesto tampoco podría haberlo retenido.
También en los meses recientes se dijo que parte del dinero que entraban por las ventas iba a ser destinado al predio de Coquimbito, no obstante, hasta ahora los frutos están demasiado verdes. ¿Y si ese dinero se utilizaba en el presupuesto de los jugadores? ¿Muchas de las novelas podrían haber tenido final feliz para el Expreso? Con planteles más ricos, ¿se habrían alcanzado mayores logros deportivos?
El interrogante está abierto. En definitiva está en discusión, no solo en Godoy Cruz sino en la totalidad el fútbol argentino, el modelo de gestión por el cual se opta. |