El mercado de pases del fútbol argentino está pobrecito, pero parece que en torno a Godoy Cruz la movida está agitada. No es nuevo para nosotros que termine un campeonato y los equipos con más cartel vengan a robarnos nuestras figuras. Lamentablemente siempre tienen las de ganar por varios motivos, pero fundamentalmente porque pagan más.
Ahora bien, estas horas de agite comercial no le sirven a nadie. Jugadores, dirigentes, cuerpo técnico y mucho menos a los hinchas. Los únicos que quizás salen bien parados son los representantes, que muchas veces son quienes mueven las aguas para beneficios propios y de su representado.
Pero el resto sufre.
Sufren los protagonistas porque pierden enfoque en los trabajos que llevan adelante. En plena pretemporada entrenan con un equipo pero todos los días les preguntan sobre otro equipo. No saben si van a terminar jugando con los colores que visten actualmente, con los compañeros que ya conocen de memoria, o bien van a migrar a otro club para ganarse un lugar y comenzar a remar desde cero.
Sufren los dirigentes porque tienen que negociar, pedir más, aflojar, y prenderse en un juego mediático donde no siempre todo lo que se dice es cierto, sino que muchas palabras son meras manipulaciones para conseguir aumentos de sueldos o bien condiciones fáciles para rescindir contratos.
Sufre el técnico y sus colaboradores que no saben si podrán contar o no con alguno de sus jugadores más importantes; que ven qué en los diarios solo se habla de partidas pero de ningún arribo, y para colmo esas partidas sugeridas son en puestos fundamentales que cuesta mucho conseguir reemplazos.
Y por supuesto sufrimos los hinchas, que vemos una vez más las posibilidades de que nuestro equipo se desarme sin que lleguen jugadores de renombre. En un año, Godoy Cruz perdió pesos pesados (Castillo, David Ramírez, Donda, Carlos Sánchez, quizás Rubén Ramírez, quizás Villar, quizás Damonte) y no han venido apellidos de la misma talla. Entonces la balanza pierde equilibrio y los resultados lo reflejan (puesto 12° en el Apertura).
Muchas veces en el mercado de pases se vende pescado podrido, pero otras veces las partidas terminan concretándose. Y lo que es más concreto, valga la redundancia, es que en el medio de las negociaciones nadie tiene su estabilidad mental y pasional asegurada, sino más bien todo lo contrario. ¡Qué empiece el fútbol! |